Qué hacer cuando el personal no usa la herramienta nueva y vuelve al papel o al Excel

Razones reales por las que el personal no adopta una herramienta

En muchas administraciones, el problema no es que la herramienta sea mala. El problema es que, en la práctica, el personal sigue resolviendo el trabajo como puede y como siempre lo ha hecho: con una libreta, con un Excel compartido, con correos reenviados o con una carpeta en red. Cuando esto ocurre, no estamos ante una resistencia abstracta al cambio. Estamos ante una señal de que la implantación no encaja bien con el día a día del servicio.

La adopción herramientas digitales administración pública falla muchas veces por motivos muy concretos. Por ejemplo, en un ayuntamiento pequeño, si en Registro General la nueva aplicación tarda más en abrir un expediente que el sistema anterior, el personal buscará atajos. Si en Servicios Sociales hay que introducir tres veces los mismos datos para tramitar una ayuda, acabarán llevando un Excel paralelo. Y si en una concejalía de Urbanismo la herramienta no permite localizar rápido un expediente cuando llama un vecino, volverán a la carpeta compartida porque les resuelve la urgencia.

Las razones más habituales suelen ser estas:

  • La herramienta añade pasos en lugar de quitarlos. Si para una gestión sencilla hay que pasar por demasiadas pantallas, el personal siente que pierde tiempo.
  • No responde a situaciones reales de ventanilla. Una cosa es el procedimiento sobre el papel y otra lo que ocurre cuando hay cola, llamadas y ciudadanos esperando.
  • La formación fue teórica y poco práctica. Muchas sesiones se hacen con ejemplos genéricos, pero luego nadie enseña cómo tramitar un volante de padrón urgente, una incidencia de alumbrado o una solicitud incompleta.
  • No hay confianza en el sistema. Si un documento “desaparece”, si el buscador falla o si las notificaciones no quedan claras, el equipo vuelve a lo que considera seguro.
  • Falta de liderazgo intermedio. Si el jefe de servicio sigue pidiendo “mándamelo por correo” o “pásame el Excel”, el mensaje real es que la herramienta nueva no es obligatoria.
  • No se ha tenido en cuenta el nivel digital del equipo. En muchos centros educativos, organismos autónomos o ayuntamientos medianos conviven perfiles muy distintos. No se puede implantar igual para todos.

También influye algo que a veces no se dice: el papel y el Excel dan sensación de control. Un auxiliar administrativo sabe dónde tiene su hoja, su carpeta y sus marcas. Si la nueva herramienta no ofrece esa misma claridad, aunque sea objetivamente mejor, se percibe como una pérdida.

Lo he visto en oficinas de atención al ciudadano donde la sede electrónica estaba bien montada, pero el personal seguía imprimiendo solicitudes “por si acaso”. No era mala voluntad. Era miedo a que, si luego había una reclamación, no supieran demostrar qué había pasado. Ahí no falla solo la tecnología: falla el diseño del cambio, la trazabilidad y la explicación del proceso.

Qué errores cometen las instituciones al implantar nuevos sistemas

El error más común es pensar que implantar un sistema es instalarlo, dar una formación inicial y enviar una circular. En la administración eso rara vez funciona. Los procesos son complejos, hay obligaciones normativas y cada unidad tiene casuísticas propias.

Uno de los fallos más frecuentes es implantar desde arriba sin escuchar a quien atiende expedientes cada día. Por ejemplo, una diputación o un ayuntamiento contrata una plataforma de gestión de expedientes que cumple técnicamente, incluso con requisitos de seguridad del ENS, pero nadie ha preguntado a Secretaría, Intervención o Atención Ciudadana cómo trabajan realmente. El resultado es que el sistema existe, pero la operativa diaria sigue fuera.

Otro error habitual es no revisar el procedimiento antes de digitalizarlo. Se digitaliza un circuito ya ineficiente. En vez de simplificar, se traslada el mismo desorden a una pantalla. Si antes había duplicidades, firmas innecesarias o documentos que se pedían dos veces, el problema no desaparece por tener sede electrónica o gestor documental.

También se cometen errores de implantación como estos:

  • Elegir la herramienta sin una prueba real con usuarios. Una demo no sirve. Hay que probar con expedientes reales y con personal real.
  • No definir qué deja de hacerse. Si no se prohíbe expresamente el circuito paralelo en papel o Excel, seguirá existiendo.
  • No asignar responsables de adopción. Tecnología sola no cambia hábitos. Hace falta alguien en cada área que acompañe, resuelva dudas y detecte bloqueos.
  • Medir solo la puesta en marcha técnica. Que el sistema esté operativo no significa que se use bien.
  • Descuidar aspectos normativos y de confianza. Si no se explica bien cómo quedan el registro, la trazabilidad, la protección de datos o la conservación documental, aparecen resistencias razonables.

En el sector público, además, hay que recordar que la adopción no puede separarse del cumplimiento. Si la herramienta afecta a datos personales, hay que trabajar conforme a la LOPDGDD y al RGPD. Si hablamos de servicios digitales accesibles a ciudadanía o personal, conviene revisar también el marco del RD 1112/2018. Y si la solución forma parte de la infraestructura administrativa, el ENS no es un trámite decorativo: influye en accesos, perfiles, registros de actividad y confianza operativa.

Un ejemplo realista: un centro educativo público implanta una nueva plataforma interna para incidencias y comunicaciones. Sobre el papel, mejora el seguimiento. En la práctica, el profesorado sigue avisando por WhatsApp o por correo al conserje porque obtiene respuesta más rápida. ¿Qué ha fallado? No la idea. Ha fallado que el circuito oficial no era el más sencillo ni el más útil en el momento de necesidad.

Cómo facilitar el cambio en equipos no técnicos

Para que un equipo no técnico adopte una herramienta, hay que trabajar sobre su realidad diaria, no sobre el manual del proveedor. La pregunta útil no es “¿saben usar el sistema?”, sino “¿pueden sacar adelante su trabajo con menos fricción que antes?”.

Lo primero es empezar por casos concretos. En vez de formar “sobre todas las funcionalidades”, conviene enseñar tareas habituales: registrar una entrada, localizar un expediente, emitir un justificante, derivar una incidencia, revisar un estado. En un ayuntamiento, eso significa adaptar la formación a padrón, subvenciones, licencias, reclamaciones o atención telefónica.

Lo segundo es simplificar normas de uso. El personal necesita pocas reglas, claras y aplicables. Por ejemplo:

  • Todo expediente nuevo se inicia en la herramienta, no en Excel.
  • Las versiones válidas de documentos están en el gestor, no en correo.
  • Las incidencias se reportan por el canal definido, no por mensajes informales.
  • Las consultas de estado se hacen en el sistema antes de llamar o reenviar correos.

Lo tercero es acompañar durante las primeras semanas. Esto es decisivo. En una concejalía con mucha carga de trabajo, si el día 3 surge un problema y nadie responde, el equipo vuelve al método anterior. Hace falta soporte cercano, rápido y con conocimiento del servicio. A veces basta con una persona de referencia en cada unidad y un canal interno bien atendido.

Funciona bien también identificar a dos o tres personas del propio equipo que tengan credibilidad entre sus compañeros. No hace falta que sean perfiles técnicos. De hecho, suele ayudar más que sea alguien de ventanilla, de secretaría o de gestión administrativa que conoce los atascos reales. Cuando esa persona dice “yo ya lo hago así y me ahorra tiempo”, la adopción avanza más que con cualquier presentación.

Otro punto importante es no humillar a quien tiene más dificultades. En equipos veteranos, el rechazo muchas veces viene de la inseguridad. Si la implantación se vive como un examen, habrá ocultación de errores y vuelta al papel. Si se vive como un apoyo para trabajar mejor, la actitud cambia.

Y hay una cuestión de fondo: si la herramienta no encaja, hay que corregirla. No todo es formación. A veces hay que cambiar campos obligatorios, simplificar permisos, mejorar búsquedas o revisar pantallas. La administración está llena de procesos donde una pequeña mejora evita decenas de llamadas, correos y duplicidades.

Qué indicadores muestran si la adopción va en serio

Muchas instituciones creen que hay adopción porque se han dado usuarios, se ha impartido formación o se han tramitado algunos expedientes. Eso no basta. La adopción real se nota cuando desaparecen los circuitos paralelos y el trabajo ordinario pasa de verdad por la herramienta.

Hay indicadores sencillos y muy útiles para comprobarlo:

  • Reducción de Excel paralelos. Si cada área sigue manteniendo su hoja de control, la implantación no está cerrada.
  • Porcentaje de expedientes iniciados y cerrados íntegramente en el sistema. No solo iniciados.
  • Número de consultas resueltas sin acudir a correo o papel. Por ejemplo, localizar el estado de un trámite directamente en la aplicación.
  • Tiempo medio de tramitación antes y después. Si no mejora o empeora, hay que revisar.
  • Incidencias recurrentes por unidad. Si siempre falla el mismo paso, el problema no es del usuario, sino del diseño o del proceso.
  • Uso real por perfiles. No es lo mismo tener acceso que usarlo con frecuencia y autonomía.
  • Disminución de impresiones, correos internos y llamadas para pedir estado. Son señales muy claras de madurez.

En una oficina de registro, por ejemplo, un buen indicador es cuántas veces hay que rehacer una anotación fuera del circuito previsto. En Servicios Sociales, cuántos expedientes tienen documentación repartida entre gestor, correo y carpetas locales. En un centro educativo, cuántas incidencias se comunican por el canal oficial frente a mensajes informales.

También conviene escuchar indicadores cualitativos. Si el personal dice “ahora encuentro todo más rápido”, “ya no tengo que pedir por correo la última versión” o “cuando llama un vecino veo al momento en qué fase está”, eso vale mucho. La adopción real no se mide solo en cuadros de mando; se nota en que baja la fricción cotidiana.

Por último, hay una señal definitiva: cuando alguien nuevo se incorpora y aprende el proceso digital como forma normal de trabajo. Si al llegar le dicen “esto en realidad lo llevamos en este Excel”, la organización todavía no ha cambiado.

En conclusión, cuando el personal vuelve al papel o al Excel, casi nunca es por capricho. Suele ser la respuesta práctica a una implantación que no ha tenido en cuenta el trabajo real. Si una administración quiere mejorar la adopción herramientas digitales administración pública, debe revisar procesos, acompañar a los equipos y medir el uso de verdad, no solo la instalación. La tecnología ayuda, pero el cambio se consolida en la ventanilla, en el registro y en el expediente del día a día.

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